Se hace gracia a don Alonso de Silva y Pacheco de dos meses, los que estuvo en la corte para demandar al estado y condado de Cifuentes, por ser, como es, sucesor y pariente más propincuo del último poseedor de dicho estado.
Se encomienda la elección de las doncellas de la memoria de Mencía de Andrade al doctor Villafañe, al magistral, y al capellán mayor de la capilla de dicha fundación
Gracias
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Se ordena escribir al señor don Pedro Pardo de Andrade, vecino de Pontedeume, para darle las gracias por su carta en la que "refiere se halla con devoción fervorosa de servir al glorioso apóstol y patrón Santiago con una poca hacienda para aumento de su patrimonio". Otorgando poder "al señor canónigo don Antonio Sánchez de Ponte, que se halla en la ciudad de Betanzos", para recibir dicha hacienda
Se hace gracia y donación al licenciado Luis de León, como sobrino y testamentario del doctor Lucas de Castro, tesorero, canónigo y administrador que fue de las rentas de Granada, de los cien mil maravedís que había recibido para gastos y otros cumplimientos extraordinarios de aquella hacienda
Se acuerda por parte del cabildo que se entreguen los papeles a los señores doctorales para que los vean y hagan relación de ellos y que de esa forma se pueda determinar qué gracias fueron otorgadas por una bula papal al señor cardenal Albornoz.
Se ordena a Marcos García de Medina, mayordomo capitular, de al padre frai Manuel Gutiérrez, predicador del convento de Santo Domingo, 100 reales, para ayuda de su viaje y camino.
Después de haber visto los papeles presentados por el escribano Bartolomé Rodríguez de Otero ante el señor don Fernando de Andrade, arzobispo de Santiago, se le otorga la posesión del oficio de escribano del número y cabildo de esta ciudad, en virtud de la renuncia realizada por Andrés López de Neira
Se resuelve hacer gracia y merced al difunto doctor Diego de Sahagún, canónigo magistral de Ourense, fallecido muy pobre en la ciudad de Santiago, con una sepultura en el claustro, pues opositó hasta tres veces a la magistralía de Santiago obteniendo muchos puntos
Se hace gracia a don Baltasar de Sandoval de todo el tiempo que no sirvió su prebenda, estando preso por el señor nuncio y excomulgado por el cabildo, si a cambio da cincuenta reales a cada prebenda.
Se ordena al canónigo licenciado Alonso López, mayordomo de la mesa capitular, que dé a Gabriel Gómez doce ducados en remuneración a sus servicios.
Se ordena al canónigo Vivero, depositario de Granada, que dé a Antonio de Novoa, ministril, cuatrocientos reales para casarse.
Se nombra al canónigo Cisneros para que, junto con el canónigo Salinas, vaya a Coruña a tratar el pleito con el racionero Palencia
Se hace gracia al doctor Bravo, a petición del señor Cristóbal Aragonés, su coadjutor, de darle cuento por los días y tiempo que tardó en acudir a servir la prebenda.
Se ordena, en razón del auto relativo a la pensión y salario que habría de cobrar María de Acevedo, que ese estipendio comience a cobrarse a partir del 1 de agosto.
Se ordena que se visite la casa rematada en el canónigo Julio Seratis a petición de éste.
Se ordena al canónigo Alonso López que dé dos ducados de la limosna ordinaria a Suero
Se otorga la posesión a Antonio de Caneda de la ración que tenía el difunto racionero Bartolomé Hernández Bueno.
Se ordena al canónigo licenciado Alonso López, mayordomo de la mesa capitular, que pague al licenciado Salinas ciento cincuenta ducados de que el cabildo le hizo gracia
Se ordena al mayordomo capitular que, atento el poco valor que tienen las hojas este año, guarde las bajas y las demás que al señor don Alonso Pacheco le hiciere, hasta las últimas cuentas del año 1611, en las cuales se le bajarán todos y cualesquier maravedís de que le hubiere hecho alcance, consintiéndose, luego, el aguardo que aquél solicitaba.
Se confirma la gracia y merced hechas a don Alonso Pacheco y sus fiadores en el auto capitular de 28 de septiembre de 1611.
Concordia firmada por el cabildo con el canónigo Pedro Periáñez, que adujo llevar más de treinta años sirviendo a la iglesia como maestro de capilla, y ahora, viejo y achacoso, ofrece doscientos ducados de su prebenda para ayudar a buscar a un sustituto siempre que a él se lo exonere y jubile de todas las obligaciones del oficio.
Presentó el maestro de capilla un parecer del doctor Cedeira, médico, por el cual consta que padece enfermedades perpetuas y dificultosas de curar.
Se ordena que se presten a Baltasar de Moure, capellán del coro, los dos mil reales que pide, que son de la deuda de Fernando Botana