Se da poder al licenciado Arnero y al licenciado Ruiz de Ribera para el pleito de Cotobade.
Se ordena librar dos mil reales para las reliquias que se habrán de entregar al canónigo Alonso López, relicario.
Se admite a don Diego de Zúñiga de Sotomayor como coadjutor en la prebenda del doctor Alemparte.
Se ordena a Pedro de Bosende que se presente al licenciado Pedro Sanz del Castillo para que éste vea la renuncia que a su favor hizo Benito Martínez de un título de procurador de la ciudad de Santiago, por ver si tiene edad para intitularse como tal.
Se da el primer tratado a la casa de la Acibechería de la que es última voz el doctor Bravo, quien la puso en seis mil quinientos maravedís, por lo que se ordena que se le afore.
Se confirma al doctor Pedro Yáñez como sustituto del licenciado Arnero en el ínterin que éste va a Pontevedra.
Se da cuento de dos meses al canónigo Alonso Vélez para ir a llevar los huesos de su madre a la villa de Roa y para visitar los votos de Cuéllar, y, asimismo, se dan otros dos meses al canónigo Posada para llevar los huesos del obispo de Salamanca, su tío, a Asturias.
Se ordena al cardenal Domingo Ruiz que libre, a cuenta de la hacienda de la fábrica, a favor del licenciado Andrés Sánchez, cien ducados, para dar la pieza al señor nuncio de Su Santidad en Valladolid, por razón del pontifical del señor arzobispo don Juan de Sanclemente, conforme al asiento de la Congregación de Valladolid del año 1603.
Se da fe de cómo se salieron los vicarios del cabildo
Cotobade
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Se ordena al licenciado Sanz del Castillo para que vea la renuncia que a favor de Juan García de Lojo, procurador, en nombre de Fernán Montero, procurador de la Real Audiencia, hizo Bartolomé López de Mella, para que, si procede, le despache título.
Se comete al licenciado Pedro Sanz del Castillo, para que nombre los alcaldes de Ponte Sampaio que convengan, y al doctor Valcácer, para que nombre por su parte los de Melide.
Se ordena que se dé libranza de cuatrocientos reales al licenciado Arneros, juez de la Quintana, por los gastos que le ocasionaron los negocios de Cotobade, así de testigos como de escribanía e ida a la villa de Pontevedra.
Se ordena al cardenal Domingo Ruiz de Durana, fabriquero, que dé al padre Cepeda, guardián del convento de la isla de San Simón, dos albas, dos amitos, dos cogullas, con estolas y manípulos, dos frontales y dos sábanas, dado que el citado convento empieza a poblarse de religiosos.
Se ordena a los señores cardenales Landeras y Salazar, al licenciado Polanco y al licenciado Sanz del Castillo, que se junten y traten de los medios que había tratado el vicario Alonso Vélez, canónigo, con los oficiales de la Cámara Apostólica